sábado, 31 de diciembre de 2011

ALAS PARA UN ÁNGEL


Desde que tengo memoria, cada vez que se acerca la época navideña, por televisión dan todo el tiempo películas que recuerdan o hablan del espíritu de las Navidades.  Variaciones sobre Dickens, el Nuevo Testamento y algunos pocos argumentos originales.  Dentro de todas ellas –que se repetían año a año- hay una a la que yo nunca me canso de ver, y aún hoy sigo viéndola con la misma ingenuidad y alegría que cuando era niño:  es una película dirigida por Frank Capra donde un más que bueno y honesto James Stewart no encuentra salida a sus problemas  monetarios y piensa en poner fin a sus días en la tierra.  El cielo preocupado, manda a Clarence, un ángel de segunda categoría a ayudar al pobre humano, con el fin de que, a su regreso al paraiso, pueda ganarse sus alas.  Por supuesto que así lo hace y sobre el final de la película suenan unas campanillas que (de acuerdo con los códigos del film) es la señal de que en el cielo un ángel ha ganado sus alas.
Tengo muy presente la sensación anímica que de niño y aún hoy de adulto, me producía ver esta película.  Me hacía recuperar la confianza y la fe en el ser humano, en la bondad y en la recompensa por las buenas acciones.  Pero también me surgía una pregunta que aún hoy sigue resonando: ¿Porqué este sentimiento de bondad y conexión con el cielo, tan fuerte en la época navideña, al paso de los días y los meses se va diluyendo hasta desaparecer? ¿Por qué no se puede mantener esta conexión todo el año y hacerla crecer para que, en la nueva Navidad sea aún más fuerte que en la anterior y no haya que comenzar otra vez de cero?Leyendo uno de los libros de Georg Külewind me llegó la respuesta:  

"Toda fiesta es el descenso temporal de cielo a la tierra,
y las fiestas anuales son variaciones de este tema.
En Navidad predomina, en particular, el tema de la preparación humana
para que el encuentro del arriba con el abajo pueda verificarse.
Lo de arriba está siempre presente, dispuesto, los dioses dan siempre;
el que llegue a la tierra depende del otro lado,
de la disposición receptiva humana”

En épocas anteriores la humanidad no estaba separada del cielo y la conexión era permanente.  Hoy día el ser humano sufre esta separación.  Las fiestas son como islas dentro de la vida cotidiana, momentos en que lo divino y lo humano se juntan, las dualidades se reconcilian, aparece la verdadera paz y la herida de estar separados desaparece momentáneamente.  El mundo vuelve a ser luminoso, ordenado y bello.  Una vez más  dioses y seres humanos se sientan en la mesa común... “como antaño, antes de la separación”
Hoy nos es dado vivir en una época materialista, concreta y consumista.  Donde los cuentos de hadas son para niños y la Navidad se ha transformado en un intercambio de regalos de compromiso.  Hoy ya no nos es natural aquella unión con en Cielo y los seres humanos debemos trabajarla de manera conciente para que se produzca.
Este año se nos presenta una nueva oportunidad.  Recuperemos el espíritu navideño que teníamos naturalmente desde la inocencia infantil, pero con la conciencia adulta.  Tengamos el firme propósito de que la unión del arriba con el abajo se mantenga por más tiempo y la paz se consolide con firmeza y estabilidad.  Trabajemos aquí en la tierra ayudando a nuestro prójimo, ayudándonos a nosotros mismo y haciendo que suenen campanas, para saber que en el cielo, un ángel ha ganado sus alas. 

¡Feliz Navidad un escelente año 2012!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso!, gracias Guille, comparto de corazón lo que nos decís...de uno depende ganarse las alas, así que este 2012 a trabajar duro por un mundo mejor desde el lugar que cada uno de nosotros ocupamos, momentáneamente, en esta tierra. Un fuerte abrazo. Marcela Vázquez

Rosalia De Vecchi dijo...

bello